San Viator
Era un joven lector de la iglesia de Lyón (Francia) hacia mediados del siglo IV aproximadamente. Tan grandes era el amor y la admiración que el joven Viator profesaba a su arzobispo, san Justo, que cuando este decide huir de su sede y refugiarse como penitente en el desierto allí lo sigue nuestro santo. Los fieles de Lyón, sin embargo, les echaban en falta y consiguieron averiguar donde se habían refugiado los dos: en el desierto de Scete (Egipto). Hasta allí se fue un emisario lyones para pedirles que regresaran, pero no sólo no lo consiguió sino que, encima, se quedó allí con ellos. Y en el desierto se quedaron hasta el fin de sus días. Viator murió un poco más tarde que su maestro, hacia el año 400. Después, los cuerpos de los dos fueron trasladados a Lyón, donde se les venera en medio del rumor de sus muchos milagros.