San Antonio María Claret
Este Santo español, fundador de los Claretianos, nació en el pueblo catalán de Sallent, en 1807.
Podía haber sido un perfecto industrial de la rama textil, pero Dios se cruzó en su camino.
Sus padres tenían una pequeña fábrica de tejidos, en la que trabajó Claret. Fue enviado a estudiar a Barcelona, al mismo tiempo trabajaba en la industria textil. A pesar del gran talento que tenía para este tipo de trabajo, decide ordenarse sacerdote. "¿Qué le importa al hombre ganar todo el mundo si malogra su vida?".
Fue a Roma para ponerse a las órdenes del Papa como misionero. Ingresó en el noviciado jesuita en Roma, de donde tuvo que salir por razones de salud. Una vez recuperado, comenzaría su tarea misionera. Su vida era muy austera, en su autobiografía, él mismo cuenta "Dinero nunca llevaba, ni quería. Un día tuve una alarma. Me metí la mano en el zurrón del chaleco y creí hallar una moneda; me espanté, la saqué, la miré y con grande consuelo vi que no era una moneda, sino una medalla”
Los lugares donde Claret desarrolló su labor misioneras fueron tres: Cataluña, Canarias y Cuba.
Recibe el nombramiento de Arzobispo de Santiago de Cuba (entonces colonia española), y el 28 de diciembre de 1850 embarca junto a trece colaboradores rumbo a la isla desde el puerto de Barcelona. Durante siete años, misiona, predica, lucha contra el tráfico de esclavos, denuncia los abusos de algunas autoridades coloniales, trabaja para hacer una sociedad más justa, ayuda a los pobres y a los más necesitados...
A pesar de que le encantaba Cuba, un atentado a su vida hizo que el Papa lo trasladase a España nuevamente, donde la Reina Isabel II le reclama y le nombra como Confesor.
Fundó la orden religiosa Hijos del Inmaculado Corazón de María tras su regreso de Canarias. En 1870 participó en el Concilio Vaticano I. Poco después el 24 de octubre de 1870 entregaba su alma a la Virgen y a Dios.