San Arsenio
Ciertas máximas de este célebre anacoreta se han convertido en proverbios, como “Me he arrepentido a menudo de haber hablado, raramente de haberme callado”. Hombre inteligente y experimentado, vivió muchos años en el desierto de Escitia y luego de la llegada de los vándalos, en Tróade.
Aunque aparentaba ser brusco, Arsenio era muy tierno y lloraba tanto de meditar las palabras de Jesús: ”¿Hay amor más grande que el del que da la vida por sus amigos?”, que se cuenta que cuando murió no tenía ya pestañas en los párpados.