Santa Juliana
Martir del siglo IV nacida en Nicomedia (actual Izmit, en Turquía) que, por avatares de la historia, vino a reposar definitivamente en la cantábrica población de Santillana del Mar (España). Y es que Santillana quiere decir, precisamente, santa Juliana en virtud de un corrimiento verbal que trastoca el santa Illana original en Santillana o santa Juliana, según se prefiera. La historia de esta muchacha, menos lo excepcional del lugar de su enterramiento, no difiere en extremo de las de otras muchachas cristianas que fueron martirizadas o bien por conservar su virginidad o bien por no querer casarse con no cristianos. En el caso de nuestra santa, su pretendiente parecía llamarse Eleusio y era prefecto romano.
Al no querer Juliana plegarse a sus deseos, fue entregada a los verdugos que, después de los tormentos habituales (fuego, potro, etc.), la decapitaron, como era costumbre hacer con los que eran ciudadanos romanos; sin embargo, estas cosas no disminuyeron ni un ápice la resolución de esta jovencita de 18 años que, como otras muchas, fue y aun es ejemplo de fe y entrega.