Beata Isabel de la Trinidad
“¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi
impotencia y te pido que me revistas de ti mismo, que
identifiques mi alma con todos lo movimientos de tu
alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más
que una irradiación de tu propia vida”
Había nacido un 18 de Julio de 1880 Sus padres eran sencillos trabajadores.
Después de la muerte de su padre, su madre la matricula en el Conservatorio de Dijon donde recibirá sus primeras lecciones de piano. Isabel practicaba largas horas con una “voluntad de hierro” hasta perfeccionar cada partitura.
A los trece años Isabel había manifestado a su madre su deseo por entrar en la vida religiosa, pero ésta se opuso.
Aceptó esperar su entrada al Carmelo hasta cumplir los veintiún años. Empezó a ganar premios de piano debido a su gran talento musical. En los periódicos de época aparecían artículos sobre ella, acerca de la sonoridad y el sentido que imprimía en cada una de sus interpretaciones musicales. Vivía intensamente pues le encantaban los bailes, los paseos por las montañas y le vestir de manera elegante.
A los diecisiete años, decide comenzar una vida orientada hacia la santidad, haciendo lo que debe de hacer con la mayor naturalidad y sin ruidos, esforzándose por vivir las virtudes humanas de una manera extraordinaria. Entre estas virtudes destacan: su inmensa alegría, los finos detalles y su compromiso y sentido profundo con la amistad.
Isabel se sentía llevada y atraída por la presencia de Dios y respondía con una generosidad sin límites. Estaba convencida que para tener total entrega a Dios y al mensaje de Jesucristo no era necesario apartarse de el mundo, Aún confesando la felicidad de su vocación de carmelita, antes de entrar al mismo y por complacer a su madre se extendió sobre lo que constituye la riqueza común de todo cristiano, tanto en el monasterio como en la múltiple actividad en pleno mundo. A los 19 años comenzó a vivir las primeras experiencias místicas. Cuando por fin cumplió sus veintiún años y entró al Carmelo conservó muchas de sus amistades y las cultivó por medio de cartas en donde daba a cada una consejos para vivir una vida orientada al amor de Dios y la santidad poniendo amor en todo lo que se hacía, pues hasta en lo más pequeño se podía ofrecer la vida sencillamente a Dios.
Tras una dura y larga enfermedad de tuberculosis, antes de fallecer en 1906, sus palabras fueron: “voy a la luz, al amor, a la VIDA”.
Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 25 de Noviembre de 1984.