San Florencio
Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero tuvo que ser a finales del siglo XI o principios del XII. Es seguro que fue abad del monasterio de Santa María de Valverde (León). Este monasterio había sido fundado por el rey Bermudo II el Gotoso el año 991. De él saldrían luego monjes para fundar la abadía de Monfero (Coruña), que más tarde se llamó de Santa Marina y de la que ahora quedan sólo ruinas. Florencio fue más tarde abad del monasterio de Carracedo. Era un monasterio benedictino, fundado en el siglo XII, en plena región del Bierzo (León, España). Esta abadía adquirió inmensa importancia. Tuvo extensas posesiones materiales. Sus dominios llegaron incluso hasta el sureste leonés y Tierra de Campos, regiones de Toldanos (síncopa de Toledanos) y Valderas. Además de abadía, fue sitio real de los soberanos de León. Para llevar una vida más acorde con la Regla de san Benito, que había profesado, Florencio decidió ponerse él y su monasterio bajo la obediencia de la Congregación Cisterciense Reformada. En esta reforma se afiliaron a Carracedo los monasterios de San Martín de Castañeda (Zamora) y, en 1138, San Andrés de Montejos (León). El rey Alfonso VII, llamado el Emperador (1126-1157), favoreció mucho esta reforma y honró en vida grandemente a nuestro abad. Según el menologio cisterciense, Florencio fue un hombre de gran prudencia y piedad, adornado de las más altas virtudes de la santidad. Murió el año 1156. Nada más morir, empieza a celebrarse su memoria con gran honor. Esto equivale a la canonización popular. Su sepulcro fue hallado en un nicho del capítulo bajo, con tres inscripciones.