Santa Teresa de Jesús
Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. Apasionada de la lectura de libros de caballerías, agraciada físicamente y con una simpatía arrebatadora.
Su padre, en 1531, decidió que entrara en el internado del convento de las agustinas de Avila. Ella misma declara que entonces era “enemiguísima de ser monja”. Sin embargo, en su corazón hay una necesidad imperiosa de amar. En ese tiempo fue descubriendo a Jesús como el Señor de su vida, y más tarde, ante la oposición de su padre, huiría de casa para entrar en las carmelitas de la Encarnación de Ávila.
Pasó muchos años en un tipo de vida que no le satisfacía, hasta que el Señor le hizo ver la necesidad de reformar el estilo de vida que las monjas llevaban hasta entonces. Comunidades más pequeñas, fundadas sin renta, en los que las mojas se dedicaran sólo al trabajo y la oración.
Abrió el primer Convento reformado del Carmelo, en San José de Avila en 1562. Después vendrían otras fundaciones. Incluso en un tiempo en que la mujer no contaba socialmente, se atrevió a reformar con San Juan de la Cruz el Carmelo masculino. La necesidad de formar a sus monjas, y el interés que su vida iba suscitando en su entorno hace que Teresa se ponga a escribir. De su pluma nos han llegado obras únicas para la espiritualidad de todos los tiempos. La Inquisición anduvo detrás de ella, pero en sus obras jamás se encontró nada digno de condena.
La oración ocupó todo su afán en su etapa de madurez. Reivindicaba un estilo de orar afectivo, en el que al final no había palabras, sino sólo amor. De ella nos queda esa definición insuperable de la oración “tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”
Tras años de incansable peregrinar por tierras españolas, Teresa fallece en el convento de Alba de Tormes.