Santa Liduvina

La más paciente de todo el santoral, con una biografía terrible que espeluzna, y que movió al escritor francés Huysmans a darnos en 1901 uno de sus libros sombríos y refulgentes, con una impresionante mezcla de amor y dolor incomprensibles. Su vida ha de leerse como glosa y complemento de la de Job,

Había nacido en Schidam, de Holanda, muy cerca de la Haya, el Domingo de Ramos de 1380. Su padre era el sereno de la ciudad, eran pobres y tenía ocho hermanos.

A los quince años renuncia al matrimonio, porque desea consagrar su vida a sólo Dios. Poco después un día de fuerte helada, el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor y Purificación de la Virgen María, sufre una violenta caída. A la fractura en el costado derecho, se añade una herida; que, al infectarse, convierte su cuerpo en una llaga viva, durante casi cuarenta años de sufrimiento incesante día y noche.

Los primeros cuatro años, una constante desolación interior ennegrece sus horizontes. Hasta que. un día, escucha de una de sus visitas: "Hasta ahora has meditado poco en la Pasión de Cristo; medita; y verás cómo el yugo del Señor es suave".

"Es imposible no sé lo que es meditación", repite algún tiempo. Pero poco a poco, sus sufrimientos se van uniendo en ella a los de Cristo, hasta construir un ideal redentor.

Un día al traerle la Comunión encuentra a Jesús, como los discípulos de Emaús, tardos de corazón: « ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?". Y en su corazón permanecerá ardiente su apostolado del sufrimiento misionero Con él puede repetir: «Señor, perdón por esos pecados que cometen, contra Tí, los hombres".

Liduvina sabía que el dolor, unido al de Cristo, tiene valor redentor. En el museo de arte de Viena hay un hermoso lienzo titulado "Jesús en la Cruz". El autor es un pintor flamenco, Brueghel el Viejo. Sorprende el título, pues lo que el cuadro representa es un ramillete de hojas. Cada hoja es un medallón, donde se muestra un dolor humano. Allí están todos los dolores humanos. En uno de los medallones está Jesús en la Cruz. Ese medallón da sentido a todos. Todo dolor, unido a la Cruz, tiene valor redentor.

A la humilde casa de la hija del sereno de Schiedam llegaban noticias nada halagüeñas sobre el estado de la Iglesia. Nunca sufrió tanto, ya que estuvo en su tiempo dividida en dos y tres obediencias, con dos y tres Papas a la vez. Por ella, por la Iglesia, por el Papa y por los Obispos y Príncipes cristianos ofrecía generosa sus muchos dolores.

Su vida incorporada a Cristo, se hace una maravilla interior; que merecerá ser presentada, como ejemplo, por Tomás de Kempis.

Liduvina partió para unirse al Divino Crucificado el año 1432.

Sus reliquias están en santa Gúdula de Bruselas.

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