San Froilán
Froilán nació en la ciudad de Lugo (España) en el siglo IX. Apenas cumplidos los dieciocho años, se retiró a la soledad con ánimo de atender únicamente a su perfección y a la unión con Dios, pero siguiendo los impulsos de una autoridad superior abandonó su retiro y emprendió el camino de la vida apostólica, andando de pueblo en pueblo, enseñando y predicando recorriendo todo el territorio de Galicia, Asturias y León. Por entonces se encontró con San Atilano, que había recorrido las montañas de León en su busca. Los dos santos se hicieron ermitaños en el monte Corueño. A pesar de lo ignoto del lugar, la piedad de los fieles descubrió el escondite y tuvo que bajar de vez en cuando a los lugares de la comarca. Su fama llega al rey de Asturias y León, Alfonso III, quien le mandó llamara a la corte y le dio amplios poderes y recursos para que fundase monasterios.