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Santa Catalina de Siena
FECHA     29/04/2018
PAÍS     Italia
En los jardines del Castel Sant'Angelo, junto al río, de pie - así tenía que estar - y de cara al Vaticano, la estatua de Catalina como centinela de la Iglesia visible; no para vigilar a los enemigos exteriores, sino a los de dentro: la infidelidad, el desmayo, la transigencia con el mundo. Para proteger a la Iglesia de sus propios pecados.
Porque esta mujer tuvo la delicada misión de corregir a los papas y al clero en momentos muy difíciles de extravío y renuncia, y al verla aquí en efigie se reconoce la humildad de Roma, que recuerda de este modo un pasado poco ejemplar que puede volver a repetirse y en el que intervino como salvadora una monja dominica.
El amor de Dios, la contemplación de Cristo en la cruz y el servicio a la Iglesia, son los capítulos en los que la liturgia resume la vida y acción de Santa Catalina. No se podría decir cosa mejor.
La penúltima de 25 hermanos, hija del matrimonio formado por el dulce y bonachón Giacomo Benincasa, tintorero de pieles y de Lapa de Puccio dei Piangenti, mujer enérgica y trabajadora donde las haya.
Nació en Siena el 1347, el año anterior a la tristemente célebre Peste Negra que asoló a toda Europa.
Terciaria de la orden de santo Domingo, será una virgen penitente sometida a terribles tentaciones, va a alcanzar la unión mística con el Esposo, que pone en su dedo el anillo de oro de los casados y la hiere con los estigmas de la Pasión. Irresistible con la palabra y con la pluma (siempre dictando porque no sabía escribir), se dedicó a los enfermos.
Sus escritos de vida interior forman una verdadera escuela de oración que le han merecido el título de Doctora de la Iglesia.
"¿Dónde estabas, Esposo mío, que así me dejaste sola en mis pruebas? Dentro de tu corazón estaba yo, esforzándote y complaciéndome en tu fidelidad".
Y la misma fidelidad que a Cristo, guardaba al Papa, su Vicario, a quien llamaba «el dulce Cristo en la tierra".
Esta hija de Santo Domingo era sumamente humilde y abrasada por una llama de amor que la sitúa en primera fila entre los místicos. Por eso, se sintió impelida a vivir en lo más íntimo de su ser el drama de la Iglesia de su tiempo: el apartamiento de Roma de aquel a quien ella llamaba «el dulce Cristo en la tierra», y más tarde los primeros brotes del gran cisma de Occidente, la degradación de las costumbres del clero, la incesante discordia entre las ciudades italianas y, dentro de cada una de ellas, entre las diversas familias.
Escribirá cartas llenas de fuego a los príncipes y cardenales rogándoles que ayuden y defiendan a la Iglesia y que se corrijan de sus abusos. Tenía un gran concepto del sacerdocio y trabajó con toda su alma para que fueran santos los ungidos del Señor. Por ellos y por toda la Iglesia, en aquellos días herida por el tristemente célebre Cisma de Occidente, ofreció generosamente su vida.
Acudió al Papa Gregorio XI a decirle que tenia que «vigilar a su rebaño desde las colinas de Roma y no desde Avignon».
El 4 de octubre de 1970 el Papa Pablo VI la declarará como la segunda mujer Doctora de la Iglesia, poco después de haber declarado Doctora a Santa Teresa de Jesús.
Intervino en muchos asuntos públicos y privados, por eso bien se merece ser la Patrona de Italia junto con S. Francisco de Asís, A los 33 años moría el 29 DE ABRIL de 1380.
Domingo 5 Pascua – B (Juan 15,1-8)
FECHA     29/04/2018
PAÍS     
CREER
La fe no es una impresión o emoción del corazón. Sin duda, el creyente siente su fe, la experimenta y la disfruta, pero sería un error reducirla a «sentimentalismo». La fe no es algo que dependa de los sentimientos: «Ya no siento nada; debo de estar perdiendo la fe». Ser creyentes es una actitud responsable y razonada.
La fe no es tampoco una opinión personal. El creyente se compromete personalmente a creer en Dios, pero la fe no puede ser reducida a «subjetivismo»: «Yo tengo mis ideas y creo lo que a mí me parece». La realidad de Dios no depende de mí ni la fe cristiana es fabricación de uno. Brota de la acción de Dios en nosotros.
La fe no es tampoco una costumbre o tradición recibida de los padres. Es bueno nacer en una familia creyente y recibir desde niño una orientación cristiana de la vida, pero sería muy pobre reducir la fe a «costumbre religiosa»: «En mi familia siempre hemos sido muy de Iglesia». La fe es una decisión personal de cada uno.
La fe no es tampoco una receta moral. Creer en Dios tiene sus exigencias, pero sería una equivocación reducirlo todo a «moralismo»: «Yo respeto a todos y no hago mal a nadie». La fe es, además, amor a Dios, compromiso por un mundo más humano, esperanza de vida eterna, acción de gracias, celebración.
La fe no es tampoco un «tranquilizante». Creer en Dios es, sin duda, fuente de paz, consuelo y serenidad, pero la fe no es solo un «agarradero» para los momentos críticos: «Yo, cuando me encuentro en apuros, acudo a la Virgen». Creer es el mejor estímulo para luchar, trabajar y vivir de manera digna y responsable.
La fe cristiana empieza a despertarse en nosotros cuando nos encontramos con Jesús. El cristiano es una persona que se encuentra con Cristo, y en él va descubriendo a un Dios Amor que cada día le atrae más. Lo dice muy bien Juan: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor» (1 Juan 4,16).
Esta fe crece y da frutos solo cuando permanecemos día a día unidos a Cristo, es decir, motivados y sostenidos por su Espíritu y su Palabra: «El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada».
José Antonio Pagola
  ABRIL
  Día 1 Domingo de Resurrección – B (Juan 20,1-9)  
  Día 1 San Nuño de Alvares  
  Día 2 San Francisco de Paula  
  Día 3 San Sixto I, Papa  
  Día 4 San Benito de Palermo  
  Día 5 San Vicente Ferrer  
  Día 6 San Celestino I  
  Día 7 San Juan Bautista de la Salle  
  Día 8 Domingo 2 Pascua – B (Juan 20,19-31)  
  Día 8 San Dionisio de Corinto  
  Día 9 La Encarnación del Señor  
  Día 9 Santa Casilda de Toledo  
  Día 10 San Ezequiel  
  Día 11 Santa Gema de Galgani  
  Día 12 San Julio I, Papa  
  Día 13 San Hermenegildo  
  Día 14 Santa Liduvina  
  Día 15 San Telmo  
  Día 15 Domingo 3 Pascua – B (Lucas 24,35-48)  
  Día 16 Santa Engracia  
  Día 17 Beato Bautista Mantuano  
  Día 18 Beata María de la Encarnación  
  Día 19 San Timón  
  Día 20 Santa Inés de Montepulciano  
  Día 21 San Anselmo  
  Día 22 San Leónidas  
  Día 22 Domingo 4 Pascua – B (Juan 10,11-18)  
  Día 22 Día de la Tierra  
  Día 23 San Jorge  
  Día 24 San Benito Menni  
  Día 25 San Marcos  
  Día 26 San Isidoro de Sevilla  
  Día 27 Nuestra Señora de Montserrat  
  Día 28 San Luis María Griñón de Montfort  
  Día 29 Santa Catalina de Siena  
  Día 29 Domingo 5 Pascua – B (Juan 15,1-8)  
  Día 30 San Pío V, papa  
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